Historia del Tarot de Marsella: de los naipes italianos a la lectura simbólica
Origen italiano en el siglo XV, mazos de Noblet, Dodal y Conver, el nombre «de Marsella», los ocultistas y el mito egipcio: la historia del tarot según los hechos.
Índice(8 secciones)
- Los orígenes italianos: un juego de cortes en el siglo XV
- La llegada a Francia y los mazos de tipo «Marsella»
- El nombre «Tarot de Marsella»: una etiqueta del siglo XIX
- Del juego a la adivinación: el renacimiento ocultista
- El mito del origen egipcio, y otros relatos que conviene matizar
- Cómo se escribe hoy la historia del tarot
- El Tarot de Marsella hoy: juego, lectura y reflexión
- Preguntas frecuentes
El Tarot de Marsella nació en Italia. Sus antepasados son unos naipes italianos del siglo XV, llamados primero «trionfi» y más tarde «tarocchi», que se usaban para jugar en las cortes del norte de Italia. El tarot pasó a Francia en el siglo XVI, donde varios fabricantes de naipes, en Lyon, en Marsella y en otras ciudades, produjeron un modelo que hoy reconocemos fácilmente: el de Jean Noblet hacia 1650, el de Jean Dodal a principios del siglo XVIII y, sobre todo, el de Nicolas Conver en 1760, muy copiado después.
El nombre «Tarot de Marsella» es mucho más reciente que las cartas: se difunde en el siglo XIX y lo populariza Paul Marteau en el XX. Entre tanto, a finales del siglo XVIII y durante el XIX, una serie de autores ocultistas transformaron este juego en un soporte de adivinación y de simbolismo esotérico, y le inventaron de paso un origen egipcio que los historiadores han desmontado. Este artículo recorre esa historia con prudencia, apoyándose solo en lo que los historiadores consideran establecido.
Los orígenes italianos: un juego de cortes en el siglo XV
Los tarots más antiguos que se conocen aparecen en las cortes del norte de Italia en la primera mitad del siglo XV. En las fuentes de la época se habla de «trionfi», es decir, «triunfos»: un juego de naipes en el que, además de los palos habituales, existe una serie de cartas especiales con figuras que se imponen a las demás. El término «tarocchi» aparece más tarde para designar este mismo tipo de baraja.
Hacia mediados del siglo XV, en Milán, se pintaron mazos de lujo para las familias Visconti y Sforza, que gobernaban la ciudad. Algunas de esas cartas, decoradas a mano con oro y colores, se conservan hoy en museos y bibliotecas. Son objetos de prestigio, encargados por una corte que se reconocía en sus figuras alegóricas: virtudes, astros, personajes de poder, temas morales.
Lo esencial que hay que retener es que el tarot era entonces un juego. Un juego de naipes con triunfos, es decir, con una serie de cartas que «ganan» a las otras. Los documentos de la época lo describen como un pasatiempo de corte, y su uso para adivinar el porvenir llega mucho después. Las imágenes que hoy leemos como símbolos de transformación o de introspección formaban parte de una cultura visual compartida por la sociedad que las encargaba: alegorías morales y religiosas, figuras del poder, astros.
El interés simbólico de las cartas sigue intacto, y este dato ayuda a leerlas con más justeza: muchas imágenes del tarot tienen raíces en el mundo de las alegorías de la Italia del Renacimiento temprano, un patrimonio visual rico y bien documentado.
La llegada a Francia y los mazos de tipo «Marsella»
El tarot se difunde en Francia durante el siglo XVI, en el contexto de las guerras de Italia, que pusieron en contacto prolongado a la nobleza y a los ejércitos franceses con las cortes italianas. Los fabricantes franceses de naipes empiezan a producirlo, primero en Lyon, gran centro de la imprenta y del comercio, y más tarde en Marsella y otras ciudades.
A diferencia de los mazos pintados a mano para los Visconti y los Sforza, estos tarots franceses se imprimen con planchas de madera grabadas y se colorean con plantillas. Son objetos más accesibles, destinados a un público amplio de jugadores. Con el tiempo se fija un modelo con rasgos reconocibles: las figuras, su disposición, los colores vivos, los nombres en francés inscritos en el pie de las cartas. Es lo que los historiadores llaman el modelo «de tipo Marsella».
Tres mazos son especialmente conocidos:
- Jean Noblet, en París, hacia 1650: uno de los ejemplares más antiguos que se conservan de este modelo.
- Jean Dodal, en Lyon, a principios del siglo XVIII: un mazo de trazo muy expresivo, a menudo reproducido hoy.
- Nicolas Conver, en Marsella, en 1760: el modelo que más se ha copiado, hasta el punto de convertirse en la referencia de muchas ediciones posteriores.
Estos mazos comparten una misma estructura y una misma iconografía general, pero difieren en muchos detalles: el dibujo de un rostro, el color de un manto, la ortografía de un nombre. Por eso es más exacto hablar de un modelo de Tarot de Marsella, con muchas variantes, que de un original único. En el Tarot de Marsella, figuras como El Mago (Le Bateleur), La Papisa (La Papesse), El Carro (Le Chariot) o El Mundo (Le Monde) conservan una presencia y una composición que se reconocen de un mazo a otro, aunque cada grabador haya dejado su huella.
El nombre «Tarot de Marsella»: una etiqueta del siglo XIX
Durante mucho tiempo, estos naipes se llamaban simplemente «tarots». La expresión «Tarot de Marsella» se difunde en el siglo XIX. El autor Romain Merlin la emplea en 1869 para designar este modelo de baraja, asociado a la ciudad donde trabajaban varios fabricantes que lo producían.
La expresión se impone de verdad en el siglo XX gracias a Paul Marteau. En 1930, Marteau reedita el mazo de Nicolas Conver con la casa Grimaud, una edición que circuló ampliamente y que muchos lectores consideraron durante décadas como «el» Tarot de Marsella. En 1949 publica un libro titulado precisamente «Le Tarot de Marseille», dedicado a la interpretación simbólica de las cartas. A partir de ahí, el nombre queda asociado a un modelo de baraja y, además, a una forma de lectura.
Conviene retener la paradoja: el nombre sugiere un origen marsellés, cuando en realidad designa un modelo que se fabricó en varias ciudades francesas y cuyas raíces son italianas. Marsella es, sobre todo, la ciudad de uno de sus fabricantes más copiados.
Del juego a la adivinación: el renacimiento ocultista
El gran giro en la historia del tarot se produce a finales del siglo XVIII. Hasta entonces, el tarot era un juego. En pocos años, algunos autores empiezan a verlo como un libro de sabiduría oculta y como una herramienta de adivinación.
Antoine Court de Gébelin abre el camino. En el volumen VIII de «Le Monde primitif», en 1781, afirma que el tarot es el resto de un antiguo saber egipcio, transmitido a través de los siglos bajo la apariencia de un simple juego. La idea seduce, porque da a las cartas un prestigio inmenso. Pero, como veremos, la historia documentada cuenta otra cosa.
Casi al mismo tiempo, Etteilla, seudónimo de Jean-Baptiste Alliette, publica en la década de 1780 varias obras sobre la cartomancia con el tarot y diseña un mazo pensado específicamente para la adivinación. Es uno de los primeros en convertir el tarot en un oficio de lectura de cartas, con significados asignados a cada carta y a sus posiciones.
En el siglo XIX, la corriente ocultista profundiza esta lectura:
- Éliphas Lévi, en «Dogme et rituel de la haute magie» (1854-1856), asocia los 22 arcanos mayores a las letras del alfabeto hebreo, conectando el tarot con la cábala. Esta correspondencia tendrá una influencia duradera en el esoterismo occidental.
- Papus publica en 1889 «Le Tarot des Bohémiens», una síntesis ocultista del tarot que contribuyó mucho a su difusión en los círculos esotéricos.
- Oswald Wirth crea en 1889 su propio tarot, que redibuja los arcanos mayores en función de las ideas simbólicas de su tiempo.
Gracias a estos autores, el tarot adquiere el vocabulario que aún usamos hoy: «arcanos», correspondencias, simbolismo iniciático. Es importante situarlos en su contexto: estos autores construyeron una nueva manera de leer unas cartas que ya existían. Esa construcción tiene su valor cultural y pertenece a la historia de las interpretaciones del siglo XIX.
El mito del origen egipcio, y otros relatos que conviene matizar
El mito más persistente es el del origen egipcio del tarot. Lo lanza Court de Gébelin en 1781 y lo retoman muchos autores después. Ahora bien, todas las pruebas disponibles apuntan a Italia.
Dos hechos bastan para descartarlo. Primero, los jeroglíficos egipcios, descifrados por Champollion en 1822, revelaron textos religiosos, históricos y administrativos, y el tarot está ausente de todos ellos, igual que cualquier sistema que se le parezca. Cuando Court de Gébelin escribió su obra, los jeroglíficos seguían siendo un enigma, lo que dejaba el campo libre a la imaginación. Segundo, los tarots más antiguos conocidos son italianos y del siglo XV: toda la documentación conduce a las cortes del norte de Italia, como Milán.
Otros relatos merecen la misma prudencia. El nombre sugiere que el tarot se inventó en Marsella; en realidad, la ciudad fue uno de sus grandes centros de fabricación. Del mismo modo, la idea de un mazo «original» perfecto, del que los demás serían copias degradadas, se desvanece ante los documentos: hay un modelo con variantes, fabricado por artesanos distintos en épocas distintas. Y las correspondencias con la cábala o la astrología, por interesantes que sean para la lectura simbólica, fueron establecidas por autores del siglo XIX, mucho después de los primeros creadores de las cartas.
Todo esto deja intacto el valor del tarot como herramienta de reflexión. Simplemente, conviene saber de dónde viene cada capa de sentido: la iconografía es renacentista, la cartomancia nace a finales del siglo XVIII, y buena parte del simbolismo esotérico es del XIX.
Cómo se escribe hoy la historia del tarot
Durante mucho tiempo, la historia del tarot fue escrita sobre todo por autores ocultistas, más interesados en su sentido oculto que en los documentos. La situación cambió en la segunda mitad del siglo XX con un trabajo histórico riguroso.
El filósofo británico Michael Dummett publicó en 1980 «The Game of Tarot», una obra de referencia que reconstruye la historia del tarot como juego de naipes a partir de fuentes de archivo. En 1996, Ronald Decker, Thierry Depaulis y Michael Dummett publicaron «A Wicked Pack of Cards», dedicado a los orígenes del tarot ocultista. Estos trabajos son hoy la base de lo que se sabe con seguridad sobre el tema.
En el campo de la práctica, la restauración de Alejandro Jodorowsky y Philippe Camoin, en 1997, propuso una versión del Tarot de Marsella que pretende recuperar detalles de los mazos antiguos. Como toda restauración, incorpora decisiones propias de sus autores, y conviene verla como una interpretación más del modelo, valiosa entre otras.
El Tarot de Marsella hoy: juego, lectura y reflexión
El tarot se sigue jugando como juego de naipes, sobre todo en Francia, donde hoy se juega con otra baraja, el llamado «tarot nouveau», con figuras distintas de las del Tarot de Marsella.
Pero el Tarot de Marsella es conocido hoy sobre todo como herramienta de lectura y de reflexión personal. Muchos lectores lo prefieren a otras tradiciones por la fuerza de sus imágenes y por la sobriedad de sus arcanos menores. Si le interesa esta comparación, puede leer nuestro artículo sobre las diferencias entre el Tarot de Marsella y el Rider-Waite.
Conocer la historia del tarot cambia la forma de usarlo. Saber que estas cartas son el fruto de varios siglos de juego, de artesanía y de interpretación invita a leerlas con libertad y con humildad. Las imágenes ofrecen un espejo en el que usted puede mirar su situación desde otro ángulo, como explicamos en el artículo sobre el tarot como espejo. La carta de El Mundo (Le Monde), que cierra la serie de los arcanos mayores, resume bien esa idea de un recorrido completo: puede descubrir su significado en la ficha de El Mundo y en el conjunto de las cartas del tarot.
Una advertencia, por coherencia con todo lo anterior: el tarot no sustituye a un médico, a un asesor financiero ni a un abogado. Puede ayudarle a ordenar lo que siente ante una situación; la decisión técnica corresponde a quienes tienen la competencia para aconsejarle.
Si quiere pasar de la historia a la práctica, puede hacer una tirada con el Tarot de Marsella en Tarot Universel: las cartas que verá son herederas directas de ese largo recorrido, de las cortes italianas a los talleres franceses y a las lecturas de hoy.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el origen del Tarot de Marsella?
Los primeros tarots conocidos aparecen en las cortes del norte de Italia en la primera mitad del siglo XV, bajo el nombre de «trionfi» y más tarde «tarocchi». Eran juegos de naipes con una serie de triunfos. El tarot llegó después a Francia, donde se fabricó en ciudades como Lyon y Marsella. El modelo que hoy llamamos «de Marsella» corresponde a mazos franceses de los siglos XVII y XVIII, como el de Nicolas Conver (1760).
¿El tarot viene del antiguo Egipto?
No. Los documentos sitúan su origen en la Italia del siglo XV. La idea egipcia la lanzó Antoine Court de Gébelin en 1781, en el volumen VIII de «Le Monde primitif», como una hipótesis puramente especulativa. Los jeroglíficos, descifrados por Champollion en 1822, la desmintieron, y los tarots más antiguos que se conservan son italianos del siglo XV. Los historiadores consideran hoy ese origen egipcio como un mito.
¿Por qué se llama Tarot de Marsella?
Porque varios fabricantes de naipes de Marsella produjeron este modelo, entre ellos Nicolas Conver en 1760, cuyo mazo fue muy copiado. El nombre «Tarot de Marsella», por su parte, se difunde en el siglo XIX: Romain Merlin lo emplea en 1869. Lo populariza después Paul Marteau, que reedita el mazo de Conver con Grimaud en 1930. El nombre honra a una ciudad de fabricantes; el tarot nació en Italia.
¿Desde cuándo se usa el tarot para la adivinación?
Durante siglos, el tarot fue ante todo un juego de naipes. Su uso para la cartomancia se desarrolla sobre todo a partir de la década de 1780, con Etteilla (Jean-Baptiste Alliette), que publica sobre el tema y diseña un mazo pensado para la adivinación. En el siglo XIX, autores ocultistas como Éliphas Lévi y Papus le dan una dimensión simbólica y esotérica que marca todavía las lecturas actuales.
¿Qué mazo de Tarot de Marsella es el más auténtico?
El «Tarot de Marsella» es un modelo con muchas versiones históricas, todas legítimas: Jean Noblet hacia 1650, Jean Dodal a principios del siglo XVIII, Nicolas Conver en 1760, entre otras. Las reediciones modernas, como la de Paul Marteau (1930) o la restauración de Alejandro Jodorowsky y Philippe Camoin (1997), hacen elecciones distintas. Lo importante es conocer bien el mazo que utiliza.
Fuentes y lecturas
- Michael Dummett, The Game of Tarot (1980)
- Ronald Decker, Thierry Depaulis y Michael Dummett, A Wicked Pack of Cards (1996)
- Paul Marteau, Le Tarot de Marseille (1949)
- Antoine Court de Gébelin, Le Monde primitif, vol. VIII (1781)
- Éliphas Lévi, Dogme et rituel de la haute magie (1854-1856)
- Papus, Le Tarot des Bohémiens (1889)
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